Aztlan y Chicomoztoc
Los orígenes de los aztecas
Ramón Méndez Estrada
Perdidos entre el mito y la
leyenda, Aztlan y Chicomoztoc,
los lugares de donde vienen los aztecas, han sido motivo de lucubraciones y
especulaciones diversas por parte de historiadores, antropólogos, etnólogos,
lingüistas y otros estudiosos de las culturas prehispánicas, sin que hasta la
fecha, ya comenzado el Siglo XXI, hayan logrado acuerdo sobre el emplazamiento
de dichos sitios misteriosos, donde se presume tuvieron origen los habitantes
del pueblo que a la llegada de los españoles, en la segunda década del Siglo
XVI, tenía su asiento en la ciudad de Metzico Tenochtitlan, cuyo vasto poder se extendía por todo el
territorio conocido ahora como Mesoamérica.
Según la
leyenda prehispánica conservada después de la invasión europea a este
continente en códices y crónicas del Siglo XVI, las llamadas tribus “nahuatlacas” que poblaron la región del Anáhuac
en las postrimerías de su florecimiento, a la llegada de los españoles,
vinieron a esta zona procedentes de Aztlán y Chicomoztoc, lugares que, a fuerza de ser buscados sin buen
éxito por muchos investigadores, han pasado a considerarse sitios míticos de
esos pueblos antiguos, confundidos en los relatos que hicieron de su propia
historia en su búsqueda de la tierra prometida, adonde los trajeron sus dioses
y sus guías.
No obstante, algunos
investigadores ocupados del pasado prehispánico, han aventurado de cuando en
cuando hipótesis sobre la ubicación geográfica de esos lugares legendarios, así
como sobre los significados de sus nombres respectivos, sin haber logrado aún
un acuerdo cabal.
En fechas
inmediatamente posteriores a
Ciertos escritores
con mucha imaginación --Gutierre Tibón, por ejemplo--
extienden sus pesquisas sobre el lugar de donde provienen los aztecas incluso a
la época prehispánica. Según este autor, durante el mandato de Moctezuma Xocoyotzin (décimo
primero de los trece gobernantes de México-Tenochtitlan,
bajo cuya administración llegaron los invasores españoles), se ordenó a los
sabios, hechiceros y magos del mundo azteca ponerse en camino rumbo a Aztlán, con el fin de indagar la situación de los parientes
que habían dejado en aquel lugar y recibir los mensajes que eventualmente
pudiera enviarles a sus hijos lejanos
Según la
leyenda narrada por Gutierre Tibón, los enviados se
trasladaron al mítico lugar convertidos en aves y
animales de presa, y después de cierto tiempo volvieron con un informe
detallado de su viaje, presuntamente apócrifo. Afirmaron haber llegado al sitio
antiguo de Aztlán, que describieron conforme a la
topografía del lugar cuya memoria se conservaba entre los pobladores de Tenochtitlan, en opinión del investigador: una prominencia
natural --isla o península--, rodeada o casi rodeada de agua, junto a un cerro
jorobado. Tibón ubica el sitio probable en el actual
estado de Nayarit, en un lugar muy próximo a la costa
del océano Pacífico.
Sostiene que
los ricos presentes enviados a Coatlicue por el señor
de México-Tenochtitlan no fueron recibidos por
Gutierre Tibón, que algo o mucho entiende de filología, afirma que Aztlán significa “Lugar de la blancura” o “Lugar de
garzas”, y presume que el sitio primigenio de los aztecas fue ocultado a los
invasores españoles con un ligero cambio en la pronunciación del nombre --de Aztlán a Ixtlán--, sin que pueda
determinarse con seguridad cuál es, de tantos lugares que así se designan en el
México actual, el asentamiento original.
A favor de su
razonamiento sobre el cambio de nombre para ocultarlo a los conquistadores,
argumenta una táctica similar aplicada a la capital del Anáhuac,
México-Tenochtitlan, designación de la que se
suprimió el segundo nombre, mientras que el primero sufrió una variación
fonética, para pasar del original Metzico al actual
México.
Con respecto al
otro legendario lugar de procedencia de los aztecas, o de las tribus “nahuatlacas”, Chicomoztoc, existe
consenso de su significado desde el Siglo XVI: “Lugar de las siete cuevas”,
donde un mismo grupo étnico original se dividió en varias tribus, o en “siete”
tribus, que en sucesivas migraciones vinieron a poblar lo que se conoció como
el Anáhuac.
Aunque se sigue
especulando que tal sitio debió localizarse al noroeste de
Tal vez es aún
temprano para que los investigadores de las distintas disciplinas se
pronuncien, en forma definitiva, sobre la solución a estos problemas, a saber:
la ubicación geográfica de Aztlán y Chicomoztoc. Pero estudios lingüísticos realizados en
nuestro continente pueden tener ya luces, no advertidas todavía con suficiencia,
que permitan acortar la brecha entre el planteamiento del enigma y su solución.
Existe cierto
acuerdo, entre los estudiosos de las lenguas antiguas de nuestro continente, en
agruparlas en cuatro troncos lingüísticos principales: el arahuaco, el atapasco o atabasco, el nagradán o negradán, y el yuto-azteca, correspondiendo este último a los grupos de
“habla náhuatl”, entre los que se forjó la leyenda de los lugares míticos a que
nos referimos en este artículo, por lo que se deduce que la leyenda, mito o
recuerdo de esos sitios pertenece al acervo de grupos del tronco yuto-azteca.
En la lengua
hablada por estos grupos, llamada “náhuatl” erróneamente, no existen palabras
esdrújulas ni agudas: todas son graves, es decir, con el acento en la penúltima
sílaba. Siguiendo el razonamiento de Gutierre Tibón
respecto a que estos pueblos habrían ocultado a los conquistadores sus sitios
civil-mágico-religiosos por medio de variaciones fonéticas a sus nombres
originales, cabría entender que todos los lugares hoy designados como Ixtlán se llamaban en la época prehispánica Aztlan (con acento en la primera vocal y no en la segunda),
última de las voces consignadas en el apartado “A” del Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana de Rémi
Simeón (cuya primera edición, en francés, data de 1885), que el autor define
como “lugar ocupado por los aztecas en sus orígenes, cuyo emplazamiento, objeto
de numerosas búsquedas, sigue ignorado. Generalmente se le localiza al norte
del Golfo de California”, agrega, siguiendo las informaciones del jesuita
Francisco Javier Clavijero.
Así, el mítico Aztlan no se referiría a un lugar específico, sino a muchos
sitios de un vasto territorio poblado en sus orígenes no por “grupos nahuas” o
“tribus nahuatlacas”, sino por los aztecas, emparentados
por el tronco lingüístico yuto-azteca, cuya lengua no
sería el “náhuatl”, palabra que significa “el sonido armonioso” en el idioma
azteca, su designación correcta.
En cuanto a Chicomoztoc, cuya grafía latina nos obliga a leer la
palabra en castellano con el acento en la última sílaba, en su origen el nombre
debió pronunciarse como una palabra grave o llana, cambio fonético suficiente
para ocultarlo a los españoles, más si se entiende referido no a un sitio
específico, sino a un lugar del tiempo: la época de las cavernas, cuyo numeral
(chicome,
siete) se aplicaría en el sentido de “innumerable”: las cuevas innumerables en
que habitaron los aztecas en los periodos glaciares, cuya evidencia
paulatinamente se va revelando a los arqueólogos con el descubrimiento de
infinitud de sitios con vestigios de pinturas rupestres, de los que tan solo en